sábado, 14 de abril de 2012

CONFLICTOS

FAN FIC

(YUMI Y SACHIKO)



La luna lucia plena en un cielo estrellado, era la envidia de la muchacha que la observaba desde la cristalera de su dormitorio, el cuál mantenía a oscuras para no ser molestada, esas horas en su habitación a solas le eran de lo más acogedoras, quizás no fuera lo más adecuado para una chica de su edad en el puesto que ocupaba en una familia del porte y los lazos que mantenía su familia con las otras grandes familias, se podría dar lugar a comentarios poco adecuados, como el sufrir de melancolía u alguna otra dolencia emocional…


El cristal le devolvía un tenue reflejo de su persona, ojos oscuros con mirada firme y algo orgullosa, puede que algo perdida en sus pensamientos, de rasgos hermosos y firmes, que continuamente llegaba a atemorizar a otras con algunos de sus gestos bruscos, siempre se tendía a confundir su decisión a molestia, de todas formas le servia para ocultar sus intenciones, mas bien obligaciones, ya aunque fuera miembro de una familia de alcurnia, en secreto se dedicaba a investigar para una empresa del gobierno, que pretendía erradicar la prostitución infantil, en especial la explotación de jóvenes bellas e inocentes de familias en situaciones difíciles a las que se les presionaba y obligaba a entregar a sus bastagas para dichos negocios, su lugar era corregir y averiguar cuando sucedía en su lugar de estudios algún echo aislado como el del mes pasado, era difícil tener que mirar a la cara de la chica y decirle que la siguiera y que sabia lo que ocurría, que ya estaba a salvo, a su modo de ver los hijos son inocentes de las malas decisiones de los padres.


Durante esa ultima investigación se vio alejada de la persona más importante para ella, es cierto que la tomo a su tutela, pero nunca le dio pie y menos le dejó entrever lo que ella llevaba dentro, lo mejor era a fin de cuentas por su seguridad, mantenerla aislada de todo y asegurarse que nada le ocurría, su posición la mantenía a salvo a ella pero a  Yumi-san en cambio no, su familia podría protegerla, es más ya habían en mas de una ocasión intentado integrarla a la familia como un miembro más, ella en cambio evitó que fuera así por el momento, mucho le dolía negarse verla e invitarla, veía su desilusión día tras día, era algo imposible de pasar desapercibido e incluso recibió los reproches del resto del consejo, con todo se dedicaba muy seguido a mirarla de lejos, a pensar en como volver a tenerla a su lado, en si era fácil, pero no en esos momentos.


El caso se había duplicado, ya que otra muchacha seguía el mismo camino y su identidad desvelada por la anterior, lo peor era pensar en su edad, de las más jóvenes del Lilian, en uno de los encuentros compartieron un servicio doble, solo de pensarlo le daba repulsión, nunca soportó la idea de yacer con un hombre, y de pensar que esas jóvenes se vieron obligadas le hervía la sangre de ira… 


Yuko-san, no dejó de abordarla con preguntas para saber su actitud o distanciamiento, la evito con sus deberes para con el consejo, con sus estudios o clases extras, las cuales fueron una sutil tapadera, el profesor un superior se ocupaba de que su familia no sospechara en absoluto, de normal las clases siempre fueron en el interior de la mansión, como excusa de su madurez y de aprender a moverse por el mundo y conocer gente, se las ingenio para que no se opusieran para que fuera a una academia… toda una tapadera sea dicho. Nunca pensó en que se implicaría en algo así hasta descubrir a una de ellas sirviendo a un socio de su familia, el recuerdo le venia muy seguido en sueños, mortificándola con las lágrimas de la muchacha, cuando imploraba no ser descubierta e incluso que no dañaran a su padre… la obligación para con la familia no implicaba tales sacrificios si con ello la llevaba a la deshonra.


El teléfono de la mansión repiqueteo varias veces antes de ser atendido, minutos después el del su dormitorio le avisaba de que era para ella la llamada, despacio se desplazó hasta este, ansiando que fuera Yumi-san, echaba de menos su voz, optimismo y entrega, solo con escucharla le aliviaba muy seguido sus cargas, descolgó respondiendo con suavidad, inspiro casi sin aliento al escucharla, su voz sonaba quejumbrosa, mas bien dudosa de si debía llamarla, con lagrimas en los ojos por hacerla sufrir así, le respondió a su saludo, converso largo y tendido, buscando de mil maneras hacerla sonreír, poco a poco ese temor fue desapareciendo y parte de su propia culpa aligerada, su voz tan dulce la enternecía, le contó de que no entendía el por que tenia que hacer ella la obra, a fin de cuentas el papel estuvo pensado desde un principio para ella, sonrió de un modo pícaro, como decirle que se la veía deliciosa con el traje de princesa, eso sin contar que no había modo de que en esos momentos tuviera tiempo ni ganas de representar dulzura con un chico, además era todo un placer ver como todas se relajaban en su cercanía e incluso llegaban a sonreír con sus gestos dulces e inocentes, cuando descubría que era lo que se esperaba de ella y lo lejos que se sentía de conseguirlo, de seguro iba a ser toda una prueba y algo digno de ver sobre el escenario, en el ultimo momento de la llamada cuando ya iban a darse las buenas noches, un te añoro salio de sus labios, suave e inseguro, luego colgó rápido.


Que Yumi-san expresara algo así era significado de sus dudas y temores, debía terminar pronto con la organización, el tiempo que ofreció para desmantelar los posibles lazos con el Lilian ya superaba con creces lo pactado, con todo no podía negarse, varias chicas se suicidaron en el  año anterior apenas terminar la etapa, algunas de camino a un matrimonio concertado y otras tras un expediente académico intachable, terminar con el ultimo año perdido y verse repetir el año y las experiencias de las que intentaban escapar, a una llegó a conocerla antes de todo y le pesó no darse cuenta de lo que le ocurría, con ese ultimo pensamiento y la idea de no permitir que a ella le pasara nada parecido, se acostó, su madre no tardaría en subir a darle las buenas noches.


A la mañana siguiente, tras pasar por delante de la Virgen Maria, distinguió un uniforme casi oculto tras unos troncos de abeto, estos desnudos por el frío, no daban protección alguna y eso le creo curiosidad, era la muchacha a la que tenia que salvaguardar y seguir para descubrir la persona que la mantenía vigilada y sujeta a esa vida, sin darse a descubrir a si misma, la presencia de otra persona provocó que acelerara el paso, necesitaba ver en que modo se relacionaba con esa persona y de paso conocer la identidad e investigarla… era una mujer con habito, joven de tez muy clara, su conducta no era la de una sierva de dios, se mantenía muy cerca de la chica, la cabeza baja ocultando sus ojos y le susurraba a la oreja, la chica mostraba un gesto descompuesto y ese aire de desear salir corriendo, un sentido de culpa la recorrió por no socorrerla, con el paraguas en mano, paso con cuidado de colocar el mango de éste cara a la religiosa y firmo lo que firmó con la cámara oculta cuanto sucedía, la voz de su enlace sonó en su oreja avisando de que la señal llegaba nítida…. Apenas avanzó unos metros una orden resonó con firmeza en su oreja, “vuelve y llévatela contigo”, así de simple, apenas se volvió, la chica caminaba hacia si, paró en seco frente a ella, la lagrimas corrían por su rostro, apenas se dio cuenta de tenerme de cara intento limpiárselas y salir corriendo para ocultarse, la sujete del brazo, la mantuve así con firmeza y muy suave le indique que me siguiera, se resistió,  mantuve mi mirada sobre la suya y con suavidad la sonreí, repetí mi petición y la tome del brazo, no pudo resistirse y me acompañó, esta vez sin resistirse y sin preguntas, puede que su silencio fuera la manera de no revelar que le afligía pero para mi era un alivio, eso la hacia mucho mas dócil.


La guié con paciencia hasta la capilla, se resistió a entrar y unas palabras casi inaudibles salieron de sus labios, “no soy digna de estar ahí dentro”, no me pude contener a replicar su afirmación,”los indignos son aquellos que te obligaron a llevar ese tipo de vida contra tu voluntad y decencia”, la cogí de la mano con fuerza y tire de ella al interior, rompió a llorar con todas sus fuerzas, las suplicas se sucedieron una tras otra, la abracé y sostuve mientras lloraba y temblaba, esperando al aviso de que la condujera a la parte oculta tras la capilla, un aparcamiento para los profesores y otros servicios, a la media hora de consolarla, escucharla y darle fuerzas y la seguridad de que nada le ocurriría, que estaría protegida y volvería a tener una vida normal, llegó el esperado aviso, la alcé del banco y la guié como una madre a su hija a la salida trasera, el resto de alumnado y claustro ya habían comenzado sus clases, nadie repararía en la furgoneta del aparcamiento,  con el emblema eclesiástico, la llevo al interior, ella intentó salir corriendo, ya lo esperaba  interponiéndome y abrazándola, la fui empujando hasta el borde y otra persona desde el interior la alzó e introdujo dentro, la enfermera apenas se cerraron las puertas le inyecto un tranquilizante, las acompañe hasta la puerta principal donde me separe de ella y me reincorporé a mis propias clases.


A mitad de mañana me dirigí al invernadero, a relajarme y sentirme al fin libre de tal carga, pensando en que todo volvería a la normalidad, de espaldas a la puerta mientras podaba unas rosas, las mismas a las que yo representaba en el consejo, la puerta se abrió y cerró con brusquedad, me volví asustada, otra mujer con habito me apuntaba con una pistola, indicándome que me desplazara hacia la ella, imposible negarme, con un dedo en la boca me  indicaba silencio y eso implicaba no poder avisar a mis enlaces, siguiendo las instrucciones salí del invernadero sin alejarme de ella, de hacerlo me dispararía, ella todavía en el marco del invernadero daba un paso para seguirme, un fuerte estruendo resonó a mis espaldas, un disparó me ensordeció, no me encontraba herida, me gire rápidamente con la idea de salir corriendo hacia el edificio mas cercano, no fui capaz, apenas vi la escena corrí en su ayuda, el cristal de la puerta roto y desperdigado por el musgo, el arma en el exterior y en el interior sujetándose el brazo la falsa monja, lo más impresionante de todo e incluso inesperado, era ver a Yumi-san, blandiendo su paraguas azul, con una mirada fiera y dispuesta a todo con tal de salvarme, una voz resonó en mi oreja, “estamos de camino”, alguien los avisó, pero ¿Quién?,  un espero sonó por el mismo auricular y a la vez, delante mío,  alcé la mirada y la mire fijamente, ella…


Dos hombres vestidos de cura, llegaron casi corriendo intentando no llamar la atención, nos miraron a ambas, uno era mi enlace, el otro no lo conocía, con un gesto pidió a Yumi-san que se retirara y se colocó en su lugar a puntando con una pistola a la falsa monja, mi enlace con guantes cogió el arma de mi atacante y me miró con un brillo en los ojos que me heló la sangre, parecía feliz de alguna manera el predijo el peligro, supuso que tanto exponerme era de esperar que sucediera,¿era Yumi-san por qué estaba implicada en este asunto?.


Tras esposar a la mujer del habito, le indicaron de ocultar las anillas con las mangas del traje que llevaba, y se la llevaron, antes de marchar el compañero de mi enlace se volvió hacia Yumi-san le estrechó la mano y agradeció su apoyo y cuidados hacia mí, incapaz de pronunciar palabra miraba a mi pequeña, incrédula y agradecida de tenerla a mi lado, la tome de la mano y arrastré corriendo alejándonos del invernadero, hasta llegar al gran salón de la casita del Yamayurikai, casi sin aliento cerré la puerta tras de mí, ella jadeaba por tan apresurada carrera, sus coletas se agitaban tras la el esfuerzo y sus ojos castaños me observaban entre temerosos y  ansiosos, un “lo siento” brotó de sus labios, la abrace, con todas mis fuerzas, ya no se si para consolarla a ella o a mi, solo tenerla en mis brazos era lo mas importante de mi vida, y pensar que por mi, la podría haber perdido, que arriesgo su vida para salvar la mía, me costaba creer que fuera capaz de dar tanto por mi, pero si lo pensaba, así era ella, acaricie su rostro, palpe sus brazos pensando en si ocultaba alguna herida, nada, ella aguardó a que me calmara, y cuando rompí en sollozos de impotencia, de alivio, de felicidad, de todo…. Me abrazó, ella me consolaba a mi en vez al revés, ella serena y dulce, me protegió e incluso salvó ella a quien yo amaba, a quien casi pierdo, me abrazaba sin saber que me moría por besarla, sus ojos fijos en los míos, ignoro desde cuando,  mi observaban, casi imploraban,  sus labios entre abiertos, bajé los míos hasta los suyos, pensé que me rechazaría, dudaba de que ella lo aceptara, pero me equivoqué, apenas los roce un calor me inundó y un gozo aun mayor al sentir como ella correspondía a mi beso sin reservas…


El tiempo se detuvo, ella dulce entre mis brazos me devolvía la vida, las ganas de gritar de hacer una locura, veía su entrega y confianza con la que esperó a que lo yo le contara, mi error a no confiarle nada y hacerla sufrir por no permitir que nadie mas se involucrara, su paciencia y esfuerzo cuando averiguo por sus medios en que me estaba involucrando y por que me distancié tanto, su desafió a quienes me dieron apoyo para ir salvaguardando el nombre de los centros escolares y su seguridad ante la mafia de la prostitución, su insistencia y el ver como me seguía en cuanto percibía algo los obligaron a intervenir y finalmente aceptar de que era imposible mantenerla aparte, la entrenaron en la defensa personal, en la cual ella ya tenia inicios, le concedieron escuchar mis conversaciones y ordenes, manteniendo silencio y espero al momento de necesitar ayuda, apenas dijo un arma ellos corrieron hacia el invernadero, ella impidió que me alejara o me hiciera daño, lanzándose contra la puerta y golpeando con el paraguas como esgrimiendo una katana de kendo, confeso que sacó la idea de Rei, la escuche y la escuche, dando mil veces gracias, dolida por que se expuso y agradecida por su valor, mis manos sujetaban las suyas mientras sentadas conversábamos y confesábamos todo lo que no nos dijimos en meses, reímos e incluso lloramos por el dolor sufrido en los peores momentos, hubo sorpresas, como cuando creyó que me citaba con otra y que ya no la querría, y dios si llore de la tristeza de sentir que la pude haber perdido…


Las horas de clase pasaban, ambas nos entregamos a los recuerdos de nuestra unión, a los secretos que guardamos de entonces, a los sentimientos mas tiernos que ocultamos por no ser lo correcto, a los mas felices y dulces, y sentí que de algún modo volvíamos a comenzar, esta vez totalmente unidas, ya no éramos solo onee-sama y petite-sour, ahora las rosas habían florecido a una calidez mas dulce que la del sol, la del amor.

LAS DONCELLAS SON EL SOPLO QUE DEVUELVE A LA VIDA UNA ROSA YA MARCHITA, ES SU CALIDEZ LA QUE DESPIERTA LAS GANAS DE FLORECER, ES SU DULZURA LA QUE RESPLANDECE EN LA SONRISA DEL AMANECER.

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